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5 datos curiosos: cosas interesantes que no sabías sobre el Castillo de Buda

Castillo de Buda BudapestGran Budapest

Los 800 años de historia del Castillo de Buda han sido suficientes para que existan hechos y anécdotas sorprendentes y divertidos asociados a esta joya de la capital. Si te apasiona la historia con un toque de ironía, entonces el Castillo de Buda es para ti.

La azarosa historia de la Iglesia de Matías – Comencemos por aquí

La Iglesia de Matías, que se asoma con gracia en el panorama de Buda, en realidad se llama Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y, aunque ha sido lugar de coronación de reyes y escenario de bodas a lo largo de la historia, como la de Matías, también ha albergado un establo y una mezquita dentro de sus muros. La Iglesia recibió su segundo nombre en honor al rey Matías, porque fue aquí donde celebró su boda, y porque a él se le atribuyen importantes reconstrucciones. Hoy día, lo que más llama la atención es el colorido tejado de cerámica Zsolnay y el interior neogótico, aunque, en la Edad Media, este último era aún más llamativo: repleto de frescos, daba la impresión de ser una “iglesia urbana especialmente colorida”.

Iglesia de Matías

Curiosidades sobre el Palacio de Buda: la modernidad llegó muy pronto aquí

Imagínate que en el Palacio Real del Castillo de Buda se usaban ascensores incluso cuando aún no eran tan comunes: a principios del siglo XX, el palacio contaba con elevadores tanto para personas como para comida, que posibilitaban no tener que subir y bajar todo por las escaleras. Tras la devastación causada por la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte del Palacio de Buda fue reconstruida, así que lo que se ve hoy día es, en parte, una reconstrucción: una atmósfera históricamente auténtica, pero con una restauración moderna. Podría decirse que es una especie de “cosplay histórico”, pero, en realidad, es el resultado de un serio trabajo de conservación de monumentos. A lo largo de la historia del Castillo de Buda, a menudo el mayor enemigo no fueron las armas, sino las epidemias y la falta de higiene. En la Edad Media, las aguas residuales solían verterse directamente a la calle, lo que debía de ser una experiencia impactante dentro de los muros del castillo y, además, causaba muchas enfermedades; pero así se hacía en todo el mundo en aquella época.

Pasadizos secretos, ambiente de búnker y vida entre bastidores

El Laberinto del Castillo de Buda y el sistema de cuevas y sótanos que se extiende bajo él son un auténtico túnel del tiempo. Según la historia del Laberinto del Castillo de Buda, en la Edad Media, los sirvientes y los soldados solían transitar por aquí para no molestar a sus amos arriba; una especie de red “entre bastidores” de la época operaba bajo la superficie. Sin embargo, en la década de 1950, durante la Guerra Fría, algunos de los pasadizos se transformaron en refugios secretos, con puertas gruesas y un sistema de ventilación. Esto aún no se ha cartografiado por completo; de vez en cuando, durante las renovaciones, se descubren pasadizos cerrados y zonas tapiadas. El Castillo de Buda parece seguir guardando sus secretos.

El Laberinto del Castillo de Buda

Lujosa ciudad jardín y centro de chismes

Los 800 años de historia del Castillo de Buda están llenos de giros inesperados. En los siglos XVIII y XIX, el castillo no solo era una fortaleza, sino también una elegante zona residencial. Menos soldados, más jardines, cafés y paseos: incluso podríamos llamarlo una especie de complejo residencial de élite de la época. La zona aledaña a la plaza de San Jorge se convirtió en el centro informal de la vida cortesana: si se quería saber quién había caído en desgracia políticamente o quién se había convertido en el nuevo favorito, había que pasear por allí y estar atento.

 

El microclima también es único: debido a la altura, los muros de piedra y las calles estrechas, “arriba siempre hace otro tiempo” que en la ciudad. Más templado en invierno, más bochornoso en verano. Cuando camines por las calles empedradas, no te contentes con contemplar el panorama. Recuerda que allí mismo las gallinas correteaban, los reyes juraban lealtad eterna, soldados desfilaban, diplomáticos cuchicheaban e ingenieros instalaban un ascensor en un palacio real. Sube, adéntrate en las callejuelas, contempla el Danubio más abajo y, luego, aventúrate bajo tierra.

 

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